domingo, 12 de diciembre de 2010

Encuentro: Parte I; Aquí y ahora.

Y cogimos aquel tranvía.
Habíamos estado bebiendo pero la noche aún nos esperaba. Sin noción del tiempo subimos, chipiados, riendo y con alguna que otra mirada que iba más allá de la confianza.
Hablábamos de todo y nada, creo que yo hablaba demasiado alto, el tranvía estaba vacío y yo algo achispada. Me tapaste la boca riendo por mi descarado tono de voz. El conductor de vez en cuando miraba hacia atrás, con esa mirada que ponen los conductores de: "Putos borrachos..."; pero nos daba igual.
Callé con tu mano en mi boca, y al mirarte riendo topé con tus ojos y la expresión de la cara me cambió por completo. Tú dejaste de reir, relajando los músculos de tu cara al mismo tiempo que bajabas tu mano, acariciando mis labios y visitando mi cuello.
Se hizo un silencio delicioso, nuestra cabeza había viajado a 300 kilómetros de nuestros hombros. Ante la extraña situación sonreimos, quitando la mirada con pereza.
Última parada.
Ahí estaba nuestro hotel. Al bajar no había absolutamente nadie en la calle. Sólo una luz tenue y un olor a lluvia que invadía toda la ciudad. No recuerdo qué dijimos del tranvía a la recepción del hotel, supongo que frases con el mismo sentido que las que intercambiamos en el tranvía.
Volví a reir en voz alta y tu mano volvió a bloquear mi boca. Esta vez tú estabas frente a mí, y la situación se volvió a repetir.
Yo callé... Te miré a los ojos... Tú dejaste de reir... Me devolviste la mirada... Bajaste tu mano... Y ésta fue a parar a mi cuello de nuevo.
Agarrándolo con fuerza y dulzura al mismo tiempo impulsaste mi cabeza hacia adelante, dirigiéndome a tí.
En ese momento no supe pensar. No sabía lo que es pensar. Sólo sentí.
Fue como si tus labios tuviesen un imán que me atraía inevitablemente...
...

(03/02/10)

1 comentario:

  1. A veces no pensar es muy buena señal. Vivimos por momentos como el que cuentas

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