viernes, 15 de noviembre de 2013

Dejarse caer, fluir y ser.



Una gota de agua que cae, que se desnuda poco a poco. Desde el cielo cae, y se deja atraer por la tierra.
Sin paracaídas, sin telas de araña. Sin señales de "stop" que le cuestionen.
Un ver venir el suelo. Un choque. Una repentina explosión. Una fragmentación, una división. Un vals con el momento.
Una fusión, una expansión. La mezcla homogénea. Una simbiosis, un cambio, una unión.
Y el fluir.

Como una gota que se une al mar, te mezclas con la gente desde el momento en el que naces.
Sin conocer más allá de lo que tienes a menos tres milímetros de tu piel. Sin más olor que el que te envuelve, nos atrevemos a fluir y unirnos al universo que nos rodea. Sin nadie preguntarnos si nos convence, si nos place. Sin un permiso previo que te argumente un porqué anexionarse al mundo.

Osamos pronunciar palabras, letras conjuntas que no son más que un medio de transporte para tu persona, tu ser. Las palabras nos definen, forman un dibujo de nuestra alma en cada frase que construimos. Nos enseñan a describir el momento en el que nuestro vello se eriza, nos muestra cómo explicar cualquier pensar de nuestra mente. Y nos representan.

Sentimos cosas, sentimos virutas de polvo por dentro. Por fuera, sentimos amor. Y odio. Y volvemos a sentir.
Nuestro mundo, reducido a la parte que nos hace ser felices, siente con nosotros y formamos lazos con la gente antes desconocida. Para nuestro agrado, hacemos amigos. Somos felices con la compañía de los seres que nos rodeaban antes sin nosotros saber de su existencia.

Y fluye. La gota fluye cada vez más unida con su nuevo medio natural. Mezclándose, y bailando con los otros pedazos de sí misma que encuentra entre los otros individuos.

Surgen tormentas, y éstas remueven el agua, dejando a cada gota en un lugar nuevo, o no distinto al anterior. Siguen siendo gotas, aunque no compuestas de lo mismo, con diferentes moléculas, con diferente ubicación.
¿Y ahora? Dejar de ser la gota que fue, o esforzarse en formarse como nueva gota en un nuevo universo.

Dejarse fluir, y comprender, que nunca abandonas un océano al sacudirte hasta otro. Pues cada océano con su vecino se comunica, y el que no, va a parar al de al lado. Así es, que en todo el universo un lugar no deja de estar al lado de otro, y a cada uno se puede ir desde cualquier otro.

Un individuo, aunque se vea desconocido o perdido en la otra esquina del mundo, nunca dejará de sentir lo que sintió, ni de oler lo que un día inspiró. No dejará de saber, y tener a cada persona que vio.

"Que no dejará de ser
 lo que un día, lejano o no,
 fue".


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